«La puerta está dentro»

Txt. Vial, Pierre. Editorial, T&P Mag., Nº 75. La porte est en-dedans (Castellano)

La porte est en-dedans

(La puerta está dentro)

Esta inscripción, que puede parecer a priori un poco enigmática, fue grabada en la entrada de la iglesia de Santez Onenn (apodada “la iglesia del Grial”) de Trec’horanteg, en Mor-Bihan1, al borde del bosque de Pempont-Breselien2, por el abad Gillard3. Éste, llegado en 1942 e. c., emprendió la restauración del edificio en mal estado. Pero a su manera, muy particular. Pues el hombre no encajaba demasiado en el molde eclesiástico habitual. Ayudado, tras el fin de la guerra por dos prisioneros alemanes –el uno ebanista, el otro pintor– que le habían sido confiados, tradujo en el diseño y la decoración de su iglesia una visión religiosa muy personal, a base de sincretismo pagano-cristiano. La Tabla Redonda, el Valle sin Retorno, la Fuente de Barenton, el Ciervo Blanco del Collar de Oro, toda la imaginería artúrica está allí, con algunas referencias al Compagnonnage4. Todo ello organizado entorno al símbolo central, el Grial. Cuya significación se hunde en el corazón del imaginario céltico y, más ampliamente, indoeuropeo. Puesto que la copa llamada Grial es, de hecho, el caldero mágico que contiene la bebida de la inmortalidad. Y esta bebida es la sangre. La Búsqueda del Grial es la transmisión del culto de la sangre y el intento de recuperación cristiana por el cisterciense Robert de Boron, en la Edad Media, no puede, a pesar de todos sus esfuerzos, disimular esta verdad.

Al decirle al pasante “La puerta está dentro”, Gillard desempeñó un papel de despertador5. Se trata de invitar a cada una y cada uno a una introspección saludable. De hecho, sólo descendiendo en nosotros mismos podemos encontrar las enseñanzas que tanto necesitamos, hoy más que nunca.

Intentamos, a través de la Lucha que llevamos a cabo, servir a la Concepción del Mundo, del Hombre, de la Vida, de la Historia que es la nuestra. Y esta Lucha, cierto, reviste aspectos políticos y sociales. Pero lo esencial no está ahí. Lo esencial es una Mística que se hunde en lo más profundo de las raíces de nuestra identidad. La Mística de la Sangre. Una Mística que nutre en nosotros la convicción que la lucha más importante, la lucha vital, es una lucha espiritual. Y aquellos de nuestros enemigos o de nuestros amigos que no han entendido esto no han entendido nada de lo que somos. Lo que somos verdaderamente. Y que afirmamos con la serenidad que aporta la Fidelidad. Pues cuando todos traicionen nosotros permaneceremos fieles.

Los obstáculos, las dificultades, las heridas que encontramos en nuestro camino no pueden nada contra la Fe que llevamos en nosotros. Sobre todo porque marchan a nuestro lado los que, desde hace tanto tiempo, nos han trazado el Camino a seguir6. Escuchemos pues la voz de Dominique Venner: «Nuestro mundo no será salvado por científicos ciegos o eruditos aburridos. Será salvado por poetas y guerreros, por aquellos que habrán forjado la “espada mágica” de la que hablaba Ernst Jünger7, la espada espiritual que hace palidecer a los monstruos y los tiranos. Nuestro mundo será salvado por los vigías apostados en las fronteras del reino y del tiempo»8.

A vosotros, los Vigías, Guardianes del Fuego Sagrado y de la Copa de la Sangre, ¡Salud y Fraternidad!

 

Pierre VIAL

 

Traducción a cargo de Terre et Peuple ~ Tierra y Pueblo,

comunidad militante europea

 

Notas de los traductores

(Previa) Artículo, a modo de editorial, publicado originalmente en el número 75, correspondiente al Equinoccio de Primavera de 2018 e. c., página 3, de la revista etno-socialista europea Terre et Peuple Magazine.

(1) Aquí en bretón; o, en francés y respectivamente, Sainte Onenne, Tréhorenteuc y Morbihan.

(2) Aquí en bretón; o, en francés, Paimpont-Brocéliande; y, en castellano o español, Paimpont-Brocelianda.

(3) Henri Gillard, de origen bretón, abad o rector de Trec’horanteg de 1942 a 1962 e. c.

(4) Lo que en Francia es conocido como el Compagnonnage, derivado de compagnon o compañero, bien corresponde en España a las corporaciones, gremios o hermandades que, originadas en Europa durante la Edad Media, están formadas por individuos a quienes les une el desarrollo de un mismo arte, oficio o profesión; aunando necesariamente no sólo el saber que les es propio si no, intrínsecamente, un gran e inequívoco sentido espiritual o religioso de la existencia; cierto, éste vehiculado obvia y fundamentalmente a través de su obra, según el caso, artesanal o profesional, mas también patente en todas y cada una de las facetas de la misma existencia, tanto en el dominio individual o personal como, por la propia naturaleza de las uniones que nos ocupan, en el dominio colectivo. Pues, al fin y al cabo, tal es su razón de ser.

(5) Obviamente, despertador de consciencias.

(6) Como entre otros tantos, porque ni podemos ni queremos olvidarle, el Camarada Jean Mabire, Presidente de Honor (perpetuo) de Terre et Peuple ~ Tierra y Pueblo; quien también nos dejó perfectamente señalado el (mismo) Camino a seguir, expresamente para ello, con una reflexión lúcida y sabia donde las haya y que los iniciados de verdad saben interpretar debidamente: «No cambiaremos al Mundo, no hay que hacerse ilusiones, no somos nosotros quienes vamos a cambiar al Mundo, pero el Mundo no nos cambiará».

(7) Que Ernst Jünger, por su destacada personalidad y su consecuente y vasta obra filosófica y literaria, es y será una figura como pocas en la cultura alemana y por ende europea del Siglo XX e. c. es algo absolutamente incontrovertible. Ahora bien, hay un detalle muy concreto en su vida y no necesariamente baladí que no debe ser pasado por alto u olvidado; un detalle, ciertamente, clave; un detalle que, cuando se valora debidamente la honestidad, hay que reconocer que no le honra necesariamente mucho; más bien, nada. Y es que el mismísimo Jünger tuvo muy a gala celebrar, brindando con una copa de champagne francés en la mano en el antaño ‘Hôtel Majestic’ de París y a 20 de Julio de 1944 e. c., una innegable alta traición como pocas. Y tuvo muy a gala celebrarla porque, sencillamente, fue tan innegable partícipe de la misma. Tratándose, como todo quien tiene un mínimo de cultura histórica y otro tanto nuevamente de honestidad bien sabe, de la alta traición perpetrada por un reducido grupo formado fundamentalmente por ciertos oficiales y jefes conspiradores del Ejército alemán de indiscutible tendencia aburguesada, derechista y reaccionaria; a fin de cuentas, de la alta traición perpetrada contra el que sus enemigos consideran y propalan urbi et orbi como la “Bestia inmunda” por excelencia, un tal Adolf Hitler, empero legítimo Jefe de Estado del Reich nacional-socialista alemán y Caudillo de todos sus Ejércitos. Participación y consecuente celebración de tal alta traición por parte de Jünger a pesar de la cual el mismísimo Führer en persona, toda vez que ya sabedor del “detalle” operado consciente y voluntariamente por aquél, decidirá y ordenará taxativamente después salvar expresamente la vida, justamente por ello mismo, de uno de los últimos soldados y a la sazón más joven condecorado con la prestigiosa cruz ‘Pour le Mérite’ (o ‘Blauer Max’) –no en vano, la más alta condecoración militar alemana otorgada, también justamente, por el valor de sus receptores– durante la Primera Guerra Mundial, por cuanto elevado necesariamente a la consideración de héroe nacional, e inspirado autor de ‘Tempestades de Acero’ –vívido testimonio como pocos de tiempos de tragedia terrenal en los que la sangre y el fuego, el hierro y el barro de las trincheras son la ley absoluta que rige el destino de los hombres–. Decisión y orden taxativa, la de la “Bestia inmunda” sobre la suerte de Ernst Jünger, respecto a la que hay quienes afirman osada y rotundamente que, muy a pesar de la misma alta traición que nos ocupa, fue tomada necesariamente y como siempre en él en aras al bien anímico de la Comunidad nacional y social alemana en su conjunto, suponiendo intrínsecamente una nueva muestra inequívoca, una más, de la magnanimidad digna de un Hombre superior cuando no de un Dios. Pero ello, ciertamente, lo afirman quienes lo afirman. En todo caso, lo que también es absolutamente incontrovertible es que, al final, el Jefe de Estado del Reich nacional-socialista alemán traicionado moriría (físicamente) a la cabeza de los Ejércitos de Europa –pues recuérdese, sin ir más lejos, que el Berlín a vida o muerte y hasta la mismísima Cancillería del Reich, corazón ensangrentado de Europa en la Primavera de 1945 e. c., no sólo fue defendido por soldados alemanes, si no y entre otros muchos, fraternalmente, por soldados escandinavos, españoles y franceses, respectivamente, de la División ‘Nordland’, la antaño ‘División Azul’ (y su consecuente sucesora ‘Legión Azul’) y la División ‘Charlemagne’–, a modo de voluntaria Devotio, con 56 años; cuando, por el contrario, Ernst Jünger moriría muchos años después y tras una larga vida coleccionando desgraciados insectos muertos, tranquilamente de viejo en la cama de un hospital, con prácticamente 103 años.

(8) No cabe duda, pues, de que las palabras del no menos Camarada Dominique Venner –no en vano y a su vez en sus propias palabras, el único Jefe considerado como tal por el nuestro, Pierre Vial, a lo ya bien largo de su ejemplar y fiel trayectoria militante al servicio de nuestro Pueblo y nuestra Tierra, Europa– son harto proféticas. Tanto también, ciertamente, como las siguientes del mismo Camarada Venner y que tampoco podemos ni queremos olvidar: «Respecto a los europeos, todo indica a mi juicio que se verán constreñidos a afrontar en el futuro desafíos inmensos y catástrofes temibles que no son sólo las de la inmigración. En esas pruebas, les será dada la oportunidad de renacer y de reencontrarse a sí mismos. Creo en las cualidades específicas de los europeos que están provisionalmente en dormición. Creo en su individualidad activa, en su inventiva y en el despertar de su energía. El despertar llegará. ¿Cuándo? Lo ignoro. Pero de ese despertar no tengo ninguna duda». Y nosotros, con el debido y profundo respeto que le profesamos, afirmamos con absoluta rotundidad: ¡Así será!

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